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lunes, 20 de julio de 2009

Las personas grandes


Las personas grandes aman las cifras.
Cuando les habláis de un nuevo amigo, no os interrogan jamás sobre lo esencial. Jamás os dicen: "¿Cómo es el timbre de su voz? ¿Cuáles son los juegos que prefiere? ¿Colecciona mariposas?". En cambio, os preguntan: "¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos tiene? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?". Sólo entonces creen conocerle. Si decís a las personas grandes: "He visto una hermosa casa de ladrillos rojos con geranios en las ventanas y palomas en el techo...", no acertarán a imaginarse la casa. Es necesario decirles: "He visto una casa de cien mil francos." Entonces exclaman: "¡Qué hermosa es!" [..] Son así. Y no hay que reprocharles. Los niños deben ser muy indulgentes con las personas grandes. Pero, claro está, nosotros, que comprendemos la vida, nos burlamos de los números. Hubiera deseado comenzar esta historia a la manera de los cuentos de hadas. Hubiera deseado decir:
"Había una vez un principito que habitaba un planeta apenas más grande que él y que tenía necesidad de un amigo...". Para quienes comprenden la vida habría parecido mucho más cierto. Pues no me gusta que se lea mi libro (mi vida) a la ligera. [..] No todos han tenido un amigo. [..] Puedo transformarme como las personas grandes, que no se interesan más que en las cifras. Por eso he comprado una caja de colores y de lápices. Es penoso retomar el dibujo, a mi edad, cuando no se han hecho más tentativas que la de la boa cerrada y la de la boa abierta, a la edad de seis años...

Mensaje para esas personas grandes que aman las cifras y se preocupan por mí. Lo siento. Ahora NO tengo las respuestas a vuestras preguntas. Sólo mi caja de colores y de lápices.

lunes, 22 de junio de 2009

Si te dicen que caí.


Cuando yo tenía seis años vi una vez una lámina magnífica en un libro sobre el Bosque Virgen que se llamaba "Historias Vividas". Representaba una serpiente boa que se tragaba a una fiera. He aquí la copia del dibujo.
El libro decía: "Las serpientes boas tragan sus presas enteras, sin masticarlas. Luego no pueden moverse y duermen durante los seis meses de la digestión." Reflexioné mucho entonces sobre las aventuras de la selva y, a mi vez, logré trazar con un lápiz de color mi primer dibujo. Mi dibujo número 1. Era así:

Mostré mi obra maestra a las personas grandes y les pregunté si mi dibujo les asustaba. Me contestaron: "¿Por qué habrá de asustar un sombrero?". Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpiente boa que digería un elefante. Dibujé entonces el interior de la serpiente boa a fin de que las personas grandes pudiesen comprender. Siempre necesitan explicaciones. Mi dibujo número 2 era así:

Las personas grandes me aconsejaron que dejara a un lado los dibujos de serpientes boas abiertas o cerradas y que me interesara un poco más en la geografía, las historia, el cálculo y la gramática. Así fue como, a la edad de seis años, abandoné una magnífica carrera de pintor.

Estaba desalentado por el fracaso de mi dibujo número 1 y de mi dibujo número 2. Las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas, y es agotador para los niños tener que darles siempre y siempre explicaciones.


Debí, pues, elegir otro oficio y aprendí
a vender. Vendí un poco de todo: Alfombras voladoras para gente sin capacidad para volar. Sueños de cristal emplomado para clientes sin catedral. Autoestima, pasión, seguridad y confort, para clientes que lo único que pedían era acelerar. "Salones encantados" diseñados para clientes que se aferran a la realidad...

Tuve así, en el curso de mi vida, muchísimas relaciones con muchísima gente seria. Viví mucho con personas grandes. Las he visto muy de cerca. No he mejorado excesivamente mi opinión.
Cuando encontré alguna que me pareció un poco lúcida, hice la experiencia de mi dibujo número 1, que siempre he conservado. Quería saber si era verdaderamente comprensiva. Pero siempre me respondía: "Es un sombrero". Entonces no le hablaba ni de serpientes boas, ni de bosques vírgenes, ni de estrellas. Me ponía a su altura. Le hablaba de actualidad, de deporte, de política y de corbatas. Y la persona grande se quedaba muy satisfecha de haber conocido a una mujer tan razonable.

Viví así,
sola, sin nadie con quien hablar verdaderamente, hasta que...