miércoles, 16 de abril de 2008

Vivo a destiempo.

Hay quienes siempre llegan tarde, incluso a su propia vida. O demasiado pronto. Y deciden aguardar.**** Es como si no fueran contemporáneos ni siquiera de sí mismos.**** Oyen hablar a los otros de festividades que no parecen las suyas, disfrutar con novedades que a ellos les resultan anodinas, ven esperar a los demás algo que a ellos ya se les hace mortecino. Y no por eso sienten estar en lo cierto, ni que todos estén equivocados.**** Es como si no coincidieran ni con lo que les pasa, ni con lo que son **** Es como si no tuvieran prisa, ni miedo, como si, a diferencia de los demás, no huyeran, como si sintieran que lo transformador consistiera en afrontar esa no coincidencia. No es seguro que disfruten de este dislocamiento, ni que les resulte agradable tanto desacomodo.**** Miran como extrañados, extranjeros de sí mismos, y cuando llegan es como si no estuvieran del todo. No es que resulten distantes, es que se mueven como ausentes.**** No deja de ser atractiva esta desconsideración para con la frenética entrega general a los tópicos y a las supuestas urgencias. Y, si escuchamos su decir, muchas veces ofrecen luminosas e inclasificables posibilidades.**** Su momento propicio, su ocasión, no es simplemente andar deambulando tras las cosas o tras lo que parecería más rentable o exitoso. En cierto modo, estos seres a destiempo tanto resultan atractivos como enigmáticamente sospechosos. Situados al margen, sin embargo, es como si sólo ellos estuvieran en la cuestión. Si hablan, no dicen los que todos, pero lo que dicen nos es más común que cualquier generalización. ÁNGEL GABILONDO, rector de la Universidad Autónoma de Madrid para LA VANGUARDIA.

Soy uno de esos "seres a destiempo". Gracias Ángel, por el bálsamo de tus palabras.


1 comentario:

Jorge dijo...

Recuerda princesa; en los tiempos que corren, se persigue la diferencia, se estigmatiza al otro, se espera de uno lo previsible, en resumén debes jugar al juego preeestablecido, no se nos está permitido sentir, pensar y actuar como nos dicta la conciencia propia; SINO MÁS BIEN COMO SE NOS DICTA MEDIANTE CONCIENCIAS AJENAS.