jueves, 27 de marzo de 2008

Protección.

Cursaba 5º de E.G.B. Tenía 11años, con 48kg, 1,54m de altura y unas medidas 90-60-90, parecía lo que era; una niña en el cuerpo de una mujer. Era verano, finales de curso, lo recordaba bien porque solo entonces las monjas las libraban de la tiranía del uniforme escolar y les permitían llevar ropa “de calle”; falda blanca, polo a rayas azul marino, blancas y rojas y unas preciosas sandalias que estrenaba en ese día caluroso. Subía la cuesta hasta su casa a paso resuelto, serían las 17.30h pasadas, que era cuando acababan las clases por la tarde y tenía ganas de llegar. Tocó el timbre del portal y como no respondían, probó con la vecina que guardaba una copia de las llaves de casa. Estaba, le abrió y la niña se encaminó hasta debajo del hueco de la escalera a la espera le tirara las llaves por éste (la vecina vivía en un 4º sin ascensor). Estaba ahí de pié mirando hacia arriba, cuando un hombre la inmovilizó desde atrás y la apartó del hueco de la escalera. Tenía que ser alto porque tuvo que agachar mucho la cabeza para susurrarle al oído; No te muevas niña y no te pasará nada. No grites. La apretaba contra él utilizando los brazos como una especie de cincha, mientras no paraba de tocarle los pechos y frotarse contra ella. La niña temblaba y no paraba de gritar NO!!, NOOOO!!!!.De repente la presión cesó y un portazo resonó en la entrada. El agresor se había ido. La vecina lo había ahuyentado con sus gritos al ver que la niña no respondía ni se ponía debajo del hueco para echarle las llaves. La niña recogió las llaves del suelo llorando y se refugió en su casa. Nunca dijo nada, se sentía culpable porque había insistido mucho en ponerse esas preciosas sandalias rojas con 1cm de tacón y estaba cansada de vestir con ropa holgada para esconder ese pecho que tanto llamaba la atención. La culpa era suya.


Hoy han venido a la oficina, el hijo del dueño y su compañero de rondas. Son policías.
El primer día que me presentaron le comenté que NO me gustan las armas (Ni las broncas, ni los gritos, ni los portazos, ni nada que se acerque al término “violencia”) y que cuando fuera armado no se acercara a mi, POR FAVOR. Hoy iban de uniforme y con las armas al cinto. Me estaba enseñando el funcionamiento del Tomtom que me ha puesto la empresa y al ver cómo me temblaban las manos me ha preguntado en broma: Que has tenido problemas con la policía que no te gustan los uniformes ni las armas?. No sé porque me pasa ésto -le he dicho-. El corazón me iba a cien, solo quería que se fueran. Y de repente lo he entendido. No es racional, lo sé, pero ESTOY ENFADADA con ellos, porque dedican la preparación recibida en la academia a “recaudar fondos” poniendo multas, en lugar de "a proteger". Dónde estaban cuando esa niña les necesitó?. No quiero acercarme a un arma para no ser consciente de que si hubiera tenido acceso a una en ese momento, hubiera encañonado al impresentable ese y le hubiera dicho; Suéltala, hijo de puta! no ves que es una niña! tu falta de autocontrol le está jodiendo la confianza en si misma y la está cargando con un montón de inseguridades con las que tendrá que lidiar cuando menos se lo espere, cabrón!. Lo peor de todo es que no puedo asegurar que no hubiera apretado el gatillo. No me gusta saber eso de mí.

Esa niña se ha pasado el resto del día de hoy llorando en silencio cuando atendía clientes y solo se ha permitido desahogarse escribiendo este post que confía sea la “tirita” que sanará esa herida que por lo visto aún permanece abierta. Sana, sana, culito de rana…….

1 comentario:

Jorge dijo...

Solo queda la rabia y sobre todo las ganas de tomarse uno la justicia por su mano.
Se que no suena politicamente correcto, pero ¿acaso debemos seguir la moral establecida con gente como esta?.
La respuesta creo que es NO¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡